A partir de los 50 años, el riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca a lo largo de la vida es de 1:4. Por lo general, la insuficiencia cardíaca aparece en los hombres antes que en las mujeres, y la frecuencia de algunos fenotipos y causas difiere según el sexo.
La insuficiencia cardíaca se caracteriza por un fenotipo de envejecimiento biológico acelerado del corazón, con características moleculares y celulares clave del envejecimiento agravadas en los pacientes afectados.
Las recomendaciones actuales para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca no tienen en cuenta la edad de los pacientes, aunque la eficacia, la seguridad y la tolerabilidad pueden ser diferentes en pacientes jóvenes y mayores.
En esta revisión se describe la epidemiología y el tratamiento, tanto farmacológico como con dispositivos, de la insuficiencia cardíaca en personas mayores.
Epidemiología
En Europa, según datos publicados en 2025 basados en la European HF Survey de 2021-2023, la mediana de la prevalencia de insuficiencia cardíaca es del 1,9 %; en España, es de ≤1,2 %.
Incidencia, prevalencia y tendencias de la insuficiencia cardíaca según la edad
La insuficiencia cardíaca aumenta con la edad: en 2012, afectaba al 4,3 % de las personas de entre 65 y 70 años. Se espera que esta tasa aumente de forma constante, pudiendo alcanzar el 8,5 % en 2030. Debido a su alta prevalencia en las personas mayores, la insuficiencia cardíaca se considera un componente de los síndromes cardiovasculares geriátricos, que a menudo se complican por las múltiples afecciones coexistentes y la fragilidad.
Factores de riesgo y comorbilidades
La tendencia temporal de los factores de riesgo ―en concreto, de la hipertensión, la obesidad, la diabetes y la enfermedad cardiovascular aterosclerótica― es paralela a la tendencia temporal de la prevalencia de la insuficiencia cardíaca. En este contexto, el alarmante aumento de la prevalencia de la obesidad y la diabetes concuerda con el aumento previsto de la prevalencia de la insuficiencia cardíaca a lo largo del tiempo.
Por otro lado, las comorbilidades pueden preceder o desarrollarse después de la insuficiencia cardíaca, y varias enfermedades suelen coexistir con la insuficiencia cardíaca en el momento del diagnóstico. Las comorbilidades no cardiovasculares (anemia, enfermedad renal crónica, diabetes, depresión, enfermedades pulmonares, trastornos respiratorios del sueño, etc.) son frecuentes y aumentan el riesgo de morbimortalidad en la insuficiencia cardíaca. Además, parece que estos factores de riesgo modifican de forma importante el riesgo de insuficiencia cardíaca en personas mayores.
En una cohorte europea, la hipertensión y la hipercolesterolemia fueron los factores de riesgo más importantes para la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida (IC-FEr), mientras que la hipertensión y la obesidad fueron los factores de riesgo más importantes para la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (IC-FEp).
Seguridad y eficacia del tratamiento recomendado por las guías en pacientes ancianos con insuficiencia cardíaca
Según los ensayos clínicos, la eficacia de los cuatro pilares para el tratamiento de la insuficiencia cardíaca (inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, betabloqueantes, antagonistas del receptor de mineralocorticoides e inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa 2 [iSGLT2]) es igual en pacientes jóvenes y ancianos. Lo mismo ocurre con el vericiguat, un estimulador directo de la guanilato-ciclasa soluble.
Sin embargo, existen varios indicios que sugieren que la eficacia relativa podría disminuir con la edad. Esto se ha atribuido a la acumulación de comorbilidades en las personas de edad avanzada. Es evidente que los fármacos que ralentizan la insuficiencia cardíaca no pueden ser eficaces en pacientes en quienes la mayor parte del riesgo ya no se explica por la propia insuficiencia cardíaca. Además, algunos efectos secundarios de la medicación para la insuficiencia cardíaca pueden presentarse con mayor frecuencia en pacientes de mayor edad que presentan una insuficiencia renal más avanzada.
Uno de los principales obstáculos para el tratamiento recomendado por las guías en las personas mayores es la hipotensión. Sin embargo, dado que la hipertensión e incluso una presión arterial ligeramente elevada (>120 mmHg) son factores de riesgo importantes para la aparición y progresión de insuficiencia cardíaca, a menudo el problema radica en el temor de los médicos y no en la presión arterial, que con frecuencia se encuentra dentro de los límites normales y es asintomática.
Otra razón para no optimizar los tratamientos para la insuficiencia cardíaca es que los pacientes ancianos a menudo sufren insuficiencia renal. Sin embargo, la mayoría de los tratamientos recomendados por las guías de insuficiencia cardíaca tienen, tras un empeoramiento inicial de la tasa estimada de filtración glomerular, un efecto positivo duradero en la preservación de la función renal y en la prevención de la insuficiencia renal terminal y la diálisis.
En general, aunque los efectos adversos son más frecuentes en las personas de edad avanzada, se debe iniciar el tratamiento recomendado por las guías y mantenerlo siempre que sea posible, independientemente de la edad.
Tratamiento con dispositivos y trasplante cardíaco en los ancianos
Las intervenciones valvulares ―como la sustitución valvular aórtica por catéter (TAVI) y la reparación borde a borde por catéter (TEER) para la insuficiencia mitral o tricúspide (M-TEER, T-TEER)― están especialmente dirigidas a pacientes de edad avanzada con mayor riesgo quirúrgico y mejoran la mortalidad y la hospitalización (TAVI y M-TEER) y/o la calidad de vida (TAVI, M-TEER y T-TEER).
Una mayor edad no debería ser un motivo de exclusión de los tratamientos valvulares intervencionistas avanzados.
El trasplante cardíaco y los dispositivos de asistencia ventricular se reservan para pacientes más jóvenes, aunque en algunos casos, el límite de edad ha superado los 70 años. Si bien el riesgo de ictus ha disminuido significativamente con el nuevo dispositivo de asistencia ventricular izquierda (DAVI) HeartMate 3, el riesgo de hemorragia sigue siendo significativo. Dado que se ha demostrado que omitir la aspirina del tratamiento antitrombótico combinado con antagonistas de la vitamina K en pacientes con DAVI HeartMate 3 reduce la hemorragia, pero no aumenta los episodios isquémicos, su implantación podría convertirse en una opción más accesible para los pacientes mayores.
Los pacientes ancianos con IC-FEr también pueden tener una mejoría sintomática con el tratamiento de activación barorrefleja y la modulación de la contractilidad cardíaca; sin embargo, la falta de recomendaciones en las guías para estos tratamientos y el alto coste pueden limitar su aplicación en esta población.
En pacientes con IC -FEr que probablemente obtengan un gran beneficio sintomático del tratamiento de resincronización cardíaca, la edad avanzada no debería ser un impedimento para su implantación. Sin embargo, se necesita un enfoque mucho más individualizado en pacientes ancianos (especialmente >85 años, o >80 con comorbilidades significativas) con una FE <35 % para implantar un desfibrilador automático implantable (DAI) para prevenir la muerte súbita cardíaca.
Consideraciones especiales en personas mayores
Algunas causas de insuficiencia cardíaca son especialmente frecuentes en los ancianos. En primer lugar, la IC-FEp es más frecuente que la IC-FEr en los ancianos (muy) mayores. En segundo lugar, en la amiloidosis suele haber afectación cardíaca (especialmente, en varones de edad avanzada), que se manifiesta por hipertrofia ventricular izquierda, trastornos de la conducción y disfunción diastólica. La amiloidosis cardíaca es bastante común en pacientes con IC-FEp.
Algunos fármacos para la insuficiencia cardíaca se utilizan con mayor frecuencia en ancianos. En pacientes con IC-FEr y/o fibrilación auricular, los glucósidos digitálicos siguen siendo útiles, especialmente en el contexto de hipotensión. Dado que la eliminación de digitoxina depende del riñón mucho menos que la de digoxina, la digitoxina puede ser muy útil en pacientes ancianos con IC-FEr.
Las comorbilidades neurológicas y psiquiátricas, especialmente la depresión, son frecuentes y deben tenerse en cuenta. En pacientes con deterioro cognitivo y físico progresivo se deben valorar los cuidados paliativos, que priorizan la comodidad y la calidad de vida. Los medicamentos que previenen las descompensaciones pueden mantenerse, si se toleran bien.
Conclusiones
La insuficiencia cardíaca es frecuente en pacientes ancianos, y se prevé que su incidencia y prevalencia sigan aumentando. Se producen cambios específicos en el miocardio en respuesta a fenómenos asociados al envejecimiento. La farmacoterapia y el tratamiento con dispositivos no tienen restricciones específicas por edad, por lo que, en principio, la toma de decisiones clínicas es igual independientemente de la edad; sin embargo, dada la abundancia de comorbilidades e intolerancias farmacológicas, deben adoptarse decisiones personalizadas. Finalmente, la planificación anticipada de la enfermedad y las decisiones al final de la vida son parte integral de la insuficiencia cardíaca en los ancianos.
ES-MTP-2600020
Fecha de elaboración del material: 18/5/2026
