Actualización
Trastornos gastrointestinales más frecuentes
Dr. Javier Moreno Díaz
23 de diciembre, 2019

Introducción

El tracto digestivo se compone de un conjunto de órganos cuyas funciones tienen como fin suministrar al organismo los nutrientes necesarios para asegurar las funciones del resto de los órganos. Las enfermedades gastrointestinales son variadas y complejas, por lo que en el siguiente artículo comentaremos algunas de las más habituales a las que se puede enfrentar cualquier clínico en su consulta.

Reflujo gastroesofágico (ERGE)

La enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) aparece cuando el contenido del estómago pasa al esófago, produciendo síntomas lo suficientemente importantes en frecuencia o en intensidad como para afectar la calidad de vida del paciente[1]. La ERGE es una entidad muy frecuente en nuestro medio, afectando al menos al 10-20 % de la población en el mundo occidental[2].

El reflujo se desencadena por la incompetencia de la unión gastroesofágica, que puede ser debida a relajaciones transitorias del esfínter esofágico inferior o bien a una hernia de hiato.

Se han considerado numerosos factores de riesgo asociados a la ERGE, si bien algunos de ellos no están bien documentados. Los factores con más evidencia científica son la obesidad[3], el embarazo y la hernia de hiato, pero otros ―como el tabaco, alimentos ricos en grasas o el consumo de alcohol― también pueden jugar un papel determinante y agravar los síntomas.

Los síntomas más frecuentes son la pirosis y la regurgitación, si bien pueden existir otros menos frecuentes, como el dolor torácico, la odinofagia, la tos o la disfonía. La dispepsia también se relaciona de forma muy frecuente con la ERGE[4].

El tratamiento de la ERGE se basa en cambios en los hábitos higiénico-dietéticos, antiácidos e inhibidores de la bomba de protones (IBP)[5].

Úlcera péptica

La úlcera péptica representa casi el 50 % de los casos de hemorragia digestiva alta. Cada vez se asocia más al consumo de AINE, habiendo disminuido los casos por infección por Helicobacter pylori[6].

  • Consumo de AINE: El consumo de este grupo de fármacos, tan usado para el alivio agudo y crónico del dolor y la inflamación, aumenta el riesgo de aparición de efectos adversos en el tracto gastrointestinal, pudiendo provocar dispepsia (60 %), gastritis, úlcera gástrica y/o duodenal (15-30 %) y, en algunos casos, hemorragia y perforación de la mucosa (1-4 %). El abordaje profiláctico ―y, cuando sea necesario, terapéutico― deberá personalizarse según los antecedentes y las características del paciente[7].
  • Infección por Helicobacter pylori: Este bacilo Gram negativo, cuya infección se adquiere habitualmente en la infancia, puede causar gastritis crónica y úlcera péptica. En España, la prevalencia de personas infectadas se sitúa entre el 50 % y el 70 % de la población adulta[8]. En estos casos, la erradicación mejora la tasa de curación de la úlcera péptica y disminuye las complicaciones, incluyendo el sangrado y la recurrencia[9].

Dispepsia funcional

Si bien no existe una definición clara de esta patología, incluye diversos síntomas originados en el tracto gastrointestinal superior: epigastralgia, ardor de estómago, hinchazón postprandial, saciedad precoz, náuseas y vómitos, pirosis o regurgitación. Si los síntomas son persistentes y no existen alteraciones tras realizar una endoscopia del tracto superior, se considera que el paciente sufre de una dispepsia funcional.

La prevalencia, al tratarse de síntomas variados, cambia mucho según los estudios que recogen diversas poblaciones y países, oscilando entre el 25 y el 40 %[10]. La dispepsia funcional supone el 8 % de las consultas de atención primaria de nuestro medio[11].

La dispepsia se ha relacionado con diversos factores, entre los que destaca el consumo de tabaco y de AINE, siendo controvertida su relación con la infección por Helicobacter pylori. Se conoce una fuerte superposición de síntomas con el intestino irritable y el reflujo gastroesofágico.

El tratamiento se basa en la combinación de medidas higiénico-dietéticas y fármacos que contribuyan a reducir los distintos síntomas que pueden aparecer en estos pacientes: antiácidos, estimuladores de la motilidad, etc[10].

Síndrome del intestino irritable

Es una alteración crónica que cursa con episodios recurrentes de dolor abdominal acompañados de alteraciones en el hábito intestinal y en la consistencia de las heces, sin causa orgánica que lo justifique[12].

Supone cerca del 28 % de las derivaciones al especialista de aparato digestivo, dada su alta tasa de diagnóstico. Su prevalencia en los estudios varía según la población estudiada y los criterios utilizados para el diagnóstico, los cuales no están del todo bien definidos. Afecta a un 5-15 % de la población. Puede ser hasta 8 veces más frecuente en pacientes con dispepsia[13].

El SII es una enfermedad que disminuye la calidad de vida de las personas que la padecen, y entre el 13 y el 88 % demandarán al menos una consulta con un profesional por sus síntomas. Su etiología es desconocida, pudiendo ser de causa multifactorial con la coexistencia de distintos factores de riesgo (genéticos, psicosociales, etc.). La mayoría de los pacientes presentan síntomas intermitentes: entre el 2 y el 18 % pueden empeorar con el tiempo, mientras que un 30-50 % se mantienen estables. Los síntomas más frecuentes son el dolor abdominal, las alteraciones en la consistencia de las heces y la distensión abdominal. Se conoce su relación con la dispepsia funcional y el reflujo gastroesofágico13.

El tratamiento de los pacientes afectados se basa en hábitos dietéticos y fármacos que mejoren la sintomatología predominante.

Estreñimiento

Se define como la sensación de evacuación incompleta de heces, el esfuerzo excesivo, la dureza de las heces o la disminución en la frecuencia de las deposiciones[14].

La prevalencia en la población mundial varía del 2,5 al 79 % en adultos y del 0,7 % al 29,6 % en niños[15]. En España, la prevalencia global es de un 29,5 %[16] .

Es más frecuente en mujeres y en mayores de 60 años; en personas con estilo de vida sedentario o nivel socioeconómico bajo; en embarazadas; y en enfermedades que alteran la motilidad gastrointestinal, tales como ERGE, síndrome del intestino irritable y dispepsia funcional15.

El estreñimiento suele deberse a una combinación de factores: hábito poco regular, alimentación con poca fibra, escasa ingesta de líquidos y escasa actividad física.

El tratamiento se basa en medidas higiénico-dietéticas (cambios en la alimentación, en el consumo de agua y en la realización de actividad física) y en el uso de laxantes, recomendándose inicialmente los que aumentan el bolo intestinal, como los complementos alimenticios a base de plantago[17].

En algunas ocasiones, pacientes sin patologías concomitantes pueden presentar estreñimiento ocasional: cambio de hábitos dietéticos, disminución de ejercicio físico habitual, disminución de ingesta hídrica…

Para solventarlo, se ha de realizar una serie de recomendaciones:

  • Evitar el consumo de alimentos astringentes.
  • Asegurar un aporte correcto de fibra a la dieta: frutos secos, cereales integrales o vegetales.
  • Beber abundante líquido, sobre todo agua, evitando bebidas carbonatadas que puedan empeorar el cuadro.
  • Ejercicio físico al menos moderado para regularizar el hábito intestinal: caminar, correr, bicicleta, nadar o realizar ejercicios de yoga y pilates. Se debe aconsejar, sobre todo en épocas de más calor y en ejercicios al aire libre, una correcta hidratación durante el ejercicio.

En caso de que las modificaciones de los hábitos dietéticos no sean suficientes, se puede optar por el uso de laxantes.

En casos de estreñimiento ocasional, se aconseja el uso de laxantes que ayuden a formar bolo intestinal, como los formulados a base de plantago ovata o metilcelulosa.

Hay que asegurar un correcto aporte de líquidos si se administran, ya que incrementan el bolo intestinal reteniendo agua.

Dr. Javier Moreno Díaz

Médico Internista, H. U. Miguel Servet.

Secretario del grupo de Formación de SEMI

Referencias

[1] Vakil N, Van Zanten SV, Kahrilas P, Dent J, Jones R; Global Consensus Group. The Montreal definition and classification of gastroesophageal reflux disease: a global evidence based consensus. Am J Gastroenterol. 2006;101(8):1900-20.

[2] Dent J, El-Serag HB, Wallander MA, Johansson S. Epidemiology of gastro-oesophageal reflux disease: a systematic review. Gut. 2005;54(5):710-7.

[3] El-Serag HB, Ergun GA, Pandolfino J, Fitzgerald S, Tran T, Kramer JR. Obesity increases oesophageal acid exposure. Gut. 2007;56(6):749-55

[4] Mendive Arbeloa JM, Mascort Roca JJ, Carrillo Muñoz R. Enfermedad por reflujo gastroesofágico. Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Documentos clínicos. Barcelona: SEMFYC ediciones; 2014

[5] Ness-Jensen E, Lindam A, Lagergren J, Hveem K. Weight loss and reduction in gastroesophageal reflux. A prospective population-based cohort study: the HUNT study. Am J Gastroenterol. 2013;108(3):376-82

[6] Arroyo MT, Forne M, de Argila CM, Feu F, Arenas J, de la Vega J, et al. The prevalence of peptic ulcer not related to Helicobacter pylori or non-steroidal anti-inflammatory drug use is negligible in southern Europe. Helicobacter. 2004;9(3):249-54.

[7] Dib RA, Chinzon D, Fontes LH, De Sá Teixeira AC, Navarro-Rodriguez T. Ulcer and bleeding complications and their relationship with dyspeptic symptoms in NSAIDs users: a transversal multicenterstudy. Scand J Gastroenterol. 2014;49(7):785-9

[8] Hooi JKY, Lai WY, Ng WK, Suen MMY, Underwood FE, Tanyingoh D, et al. Global Prevalence of Helicobacter pylori Infection: Systematic Review and Meta-Analysis. Gastroenterology. 2017;153(2):420-9

[9] Gisbert JP, Molina-Infante J, Amador J, Bermejo F, Bujanda L, Calvet X, et al. IV Spanish Consensus Conference on Helicobacter pylori infection treatment. Gastroenterol Hepatol. 2016;39(10):697-721

[10] National Institute for Health and Care Excellence. Gastro-oesophageal reflux disease and dyspepsia in adults: investigation and management. Clinical guideline [CG184] 2014.

[11] Gisbert JP, Calvet X, Ferrándiz J, Mascort J, Alonso-Coello P, Marzo M; Asociación Española de Gastroenterología; Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria; Centro Cochrane Iberoamericano. Manejo del paciente con dispepsia. Guía de práctica clínica. Actualización 2012. Aten Primaria. 2012;44(12):727.e1-38

[12] Mearin F, Lacy BE, Chang L, Chey WD, Lembo AJ, Simren M, et al. Bowel Disorders. Gastroenterology. 2016;150(6):1393-407

[13] Chey WD, Kurlander J, Eswaran S. Irritable bowel syndrome: a clinical review. JAMA. 2015;313(9):949-58

[14] Lacy BE, Mearin F, Chang L, Chey WD, Lembo AJ, Simren M, et al. Bowel disorders. Gastroenterology. 2016;150:1393-407.e5.

[15] Mugie SM, Benninga MA, Di Lorenzo C. Epidemiology of constipation in children and adults: a systematic review. Best Pract Res Clin Gastroenterol. 2011;25(1):3-18.

[16] Garrigues V, Gálvez C, Ortiz V, Ponce M, Nos P, Ponce J. Prevalence of constipation: agreement among several criteria and evaluation of the diagnostic accuracy of qualifying symptoms and self-reported definition in a population-based survey in Spain. Am J Epidemiol. 2004;159(5):520-6.

[17] Mearin F, Ciriza C, Mínguez M, Rey E, Mascort JJ, Peña E, et al; on behalf of the Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) and Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG). Clinical Practice Guideline: Irritable bowel syndrome with constipation and functional constipation in the adult. Rev Esp Enferm Dig. 2016;108(6):332-63.

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