Artículo Científico

Inercia terapéutica en la diabetes de tipo 2

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PUNTOS CLAVE

RESUMEN

La falta de intensificación de la terapia con frecuencia repercute negativamente en el manejo de la glucemia en pacientes con diabetes de tipo 2. Como resultado, los pacientes tienen un deficiente control glucémico durante mucho tiempo, lo que afecta a la calidad de vida y causa complicaciones. Esta revisión explora los posibles factores que contribuyen a la inercia terapéutica en el manejo de la diabetes de tipo 2 y su impacto para el paciente.

COMENTARIO

La diabetes de tipo 2 es una enfermedad crónica progresiva, por lo cual es preciso intensificar el tratamiento de forma periódica para controlar los valores glucémicos. Según las últimas guías clínicas, si el paciente no está dentro de los objetivos terapéuticos, se recomienda una demora de 3 meses antes de intensificar el tratamiento. La falta de intensificación del tratamiento a pesar del mal control glucémico se denomina inercia terapéutica o inercia clínica. De forma más estricta, se proponen las siguientes condiciones para que se incurra en inercia terapéutica:

  • que exista una guía clínica;
  • que el médico conozca la guía y considere que es apropiada para el paciente;
  • que tenga recursos para aplicarla;
  • que, a pesar de todo lo anterior, el médico no aplique la guía.

La inercia terapéutica puede ocurrir en cualquier etapa de la enfermedad, desde la primera fase de recomendaciones de cambio de estilo de vida hasta los estadios más avanzados, en los que está indicada la adición de insulina. En un estudio efectuado en atención primaria en España, se encontró que un tercio de los pacientes con diabetes de tipo 2 mostraba un control glucémico insuficiente (HbA1c >7 %) y que la inercia terapéutica era mayor en los que recibían solo pautas para cambiar el estilo de vida o monoterapia con antidiabéticos orales que en los pacientes que recibían una terapia más compleja.

Además, la inercia terapéutica ocurre con más frecuencia en los pacientes ancianos: en promedio, el tratamiento antidiabético se inicia dos años después del diagnóstico, mientras que en las personas jóvenes se empieza un año después.

Por otro lado, la prevalencia de la inercia terapéutica es mayor entre los médicos de atención primaria que los de atención especializada, sobre todo cuando hay que añadir insulina a la terapia actual.

Las consecuencias son dramáticas tanto para el paciente (baja calidad de vida, aumento de la morbilidad y la mortalidad) como para el sistema sanitario (aumento de los costes). En particular, los pacientes que tienen un nivel elevado de HbA1c durante tiempo prolongado tienen más riesgo de complicaciones, lo cual impacta negativamente en el pronóstico.

Los inductores de inercia terapéutica relacionados con el médico son los siguientes:

  • Subestimación de la necesidad del tratamiento.
  • Fracaso en establecer los objetivos terapéuticos o el progreso hacia ellos.
  • Preocupación por los efectos adversos.
  • Fallo en identificar y tratar las patologías asociadas.
  • Falta de tiempo y/o recursos.

Los factores relacionados con el paciente que ocasionan inercia terapéutica son los siguientes:

  • Efectos adversos del tratamiento.
  • Incapacidad de seguir tratamientos complejos.
  • Falta de conciencia de la gravedad de la enfermedad.
  • Mala comunicación entre el paciente y el médico.
  • Bajo nivel de alfabetización en salud.
  • Deseo de evitar el uso de insulina, aun comprendiendo la necesidad del tratamiento.
  • Falta de adherencia al tratamiento actual: los profesionales tienen más propensión a intensificar el tratamiento en los pacientes cumplidores del tratamiento que en los no cumplidores.

Las estrategias para combatir la inercia terapéutica incluyen la educación tanto de los médicos como de los pacientes, entre otros factores:

  • La formación continuada de los médicos mejora el abordaje de los pacientes diabéticos, el conocimiento y la confianza de los profesionales. La gamificación y la simulación de casos clínicos pueden ser técnicas efectivas.
  • Debe explicarse a los pacientes la importancia del tratamiento para prevenir complicaciones e involucrarlos en la toma de decisiones respecto a su tratamiento.
  • Para mejorar la adherencia, es importante elegir el tratamiento adecuado, teniendo en cuenta los fármacos con menos efectos adversos (hipoglucemia, ganancia de peso, alteraciones gastrointestinales) y más fáciles de administrar (menor frecuencia de dosis, formulación adecuada).
  • Cuando está indicada la insulina u otro fármaco inyectable, es preciso informar al paciente para que entienda la importancia del cambio y pierda el miedo al inyectable. Además, una dosis más conveniente (una vez a la semana en vez de una diaria) también mejora la inercia terapéutica.

La comunicación entre el primer y el segundo nivel asistencial es otro factor importante, así como involucrar a otros profesionales sanitarios aparte del médico (personal de enfermería y farmacia).

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