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Tratamientos absurdos a lo largo de la historia

Hoy en día el tratamiento de la mayoría de las enfermedades está basado en la investigación científica. Tenemos a nuestra disposición antibióticos para tratar las infecciones o analgésicos para tratar el dolor, entre otros. Sin embargo, en tiempos no tan lejanos, la medicina no se basó en los conocimientos adecuados de anatomía, fisiología y microbiología. Se creía, por ejemplo, que una perforación del cráneo disminuye el dolor de cabeza o que la extracción de grandes cantidades de sangre podría curar las enfermedades. En este artículo te contaremos algunos de los tratamientos hoy absurdos, pero que se consideraron racionales y útiles en su época.

Las intervenciones quirúrgicas, ¿salvaban o mataban?

Hasta principios del siglo XIX, las intervenciones quirúrgicas que se practicaban principalmente eran amputaciones y perforaciones del cráneo. La primera cirugía interna la realizó McDowell en el año 1809 para eliminar un tumor quístico en el ovario; hasta entonces, se creía que abrir con cuchillo a un paciente era un asesinato. Debido a la falta de un método anestésico realmente eficaz, se usaba alcohol u opio para calmar el paciente.

Después de la intervención, el riesgo de morir era elevado, debido a las infecciones y las hemorragias. Para parar el sangrado, con frecuencia se usaba un hierro al rojo vivo colocado en la herida. Hoy en día no podemos ni imaginar el sufrimiento y la incertidumbre del resultado de las intervenciones a las que se sometía a los pacientes.

Los médicos estaban entrenados para restar importancia al sufrimiento del paciente, a actuar con rapidez y resolución. De hecho, a pesar de que los efectos anestésicos de la inhalación del óxido nitroso se descubrieron en 1795, su aplicación a la cirugía humana no llegó hasta la mitad del siglo XIX. Los cirujanos veían el uso de la anestesia como una trampa y tenían miedo de perder prestigio en su profesión. En 1824, el veterinario Henry Hill Hickman fue el primero en usar anestesia en animales y, un poco después, el dentista Horace Wells la usó por primera vez en humanos.

Otro paso importante para aumentar la supervivencia a las intervenciones quirúrgicas fue el descubrimiento de la existencia de los microorganismos, por Louis Pasteur; este hecho abrió el camino para mejorar la higiene y prevenir las infecciones durante las intervenciones quirúrgicas.

Un ejemplo de intervención peligrosa que se llevó a cabo ya en la era de la anestesia, a principios del siglo XX, es la lobotomía. La lobotomía, que consistía en extirpar el lóbulo frontal del cerebro, se usó con frecuencia para tratar trastornos mentales. Su inventor, Egas Moniz, proclamaba que era una intervención sencilla que reducía la agresividad de los pacientes (cierto) y no tenía secuelas (falso). Llegó a ganar el premio Nobel por su descubrimiento.

En 1955 ya se habían practicado más de 40 000 lobotomías en Estados Unidos. Una de las «afortunadas» fue Rosemary Kennedy, hermana del presidente John F. Kennedy, que fue lobotomizada a los 23 años porque su padre estaba convencido de que su rebeldía, impulsividad y leve retraso mental mejorarían con la intervención. Después de esta, Rosemary quedó con una edad mental de 3 años.

La aparición de los psicofármacos en el siglo XX significó el fin de la lobotomía, aunque todavía se lleva a cabo en casos muy graves y refractarios de algunas enfermedades. Por cierto: Egas Moniz quedó parapléjico debido a los disparos de uno de sus pacientes.

Tratamientos peligrosos y absurdos

Hasta finales del siglo XIX, muchas enfermedades se trataban con eméticos (para provocar vómitos), enemas (para provocar diarreas) o flebotomías (sangrías).

La flebotomía se realizaba mediante un corte en una vena, o bien con ventosas o sanguijuelas. En el año 1849, el médico inglés John Hughes Bennett demostró —en lo que consideraríamos hoy en día un estudio científico— que los pacientes con neumonía que no recibían tratamiento vivían más que aquellos que se sometían a flebotomías. A pesar de la evidencia, las flebotomías no se abandonaron de manera rutinaria hasta finales del siglo XIX.

La sífilis fue una enfermedad muy común durante gran parte de la historia y fue incurable hasta el siglo XX. Los principales remedios que se aplicaban se basaban en el mercurio, que hoy en día se sabe que es tóxico para el cuerpo. Los efectos adversos de dichos tratamientos eran peores que la propia enfermedad. La identificación de la causante de la infección, la espiroqueta Treponema pallidum, junto con el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming, ayudaron a tratar la sífilis y otras enfermedades infecciosas.

Las tragedias de la medicina moderna

En la segunda mitad del siglo XX aparecieron medicamentos de todo tipo para tratar enfermedades incurables hasta entonces. Estos fármacos consiguieron alargar y mejorar la calidad de la vida, pero la rápida implementación con escaso control trajo consigo algunos problemas. Por ejemplo, el uso excesivo de antibióticos ha hecho que los microorganismos sean cada vez más resistentes y difíciles de tratar; la toma de opioides para aliviar el dolor crónico puede crear adicción; y el exceso de pruebas de imagen radiológicas puede provocar cáncer.

En Europa, una de las mayores tragedias de la medicina moderna fue el uso de talidomida en mujeres embarazadas. La talidomida era un sedante que se usaba como alternativa a los barbitúricos. En el año 1957, se autorizó su uso en embarazadas para aliviar las náuseas. Los 5 años posteriores a su autorización se registraron aproximadamente 3000 casos de malformaciones congénitas en bebés en todo el mundo. En el año 1961 se publicó en Lancet la posible relación entre la talidomida y las malformaciones en recién nacidos y se retiró del mercado. Aunque no se conoce la cifra exacta, se estima que la talidomida causó malformaciones en más de 10 000 recién nacidos. Esta tragedia aumentó la conciencia de los riesgos asociados a los fármacos. Como consecuencia, se desarrollaron estrictas regulaciones para la autorización de fármacos y para el seguimiento de efectos adversos de los medicamentos.

Referencias

  • Palma J-A. Historia negra de la medicina. Madrid: Ciudadela Libros; 2016.
  • Fornasier G, Francescon S, Leone R, Baldo P. An historical overview over pharmacovigilance. Int J Clin Pharm. 2018;40:744-47.
  • Papaseit E, García-Algar O, Farré M. Talidomida: una historia inacabada. Anales de Pediatría. 2013;78(5):283-87.
  • Noragueda C. La sífilis a lo largo de la historia. 2015. [Consultado en enero 2020].